AMOROSA OTREDAD



A todas las personas que amé, amo y amaré.


Amamos tanto y de tan diversas maneras. 


Amamos en cada momento cotidiano, en cada detalle, en cada instante en el que les deseamos que estén bien, que se sientan cómodos, que tengan lo necesario para vivir, que estén protegidos del frío, de la crueldad, del dolor. 

Amamos cuando los escuchamos sin juzgarlos, cuando comprendemos sus luchas y entendemos aquellos detalles de las historias personales que duelen y están ahí en la sombra, constituyéndolos personas, humanos y son, al final, el motivo de nuestro amor ante nuestros ojos. 

Amamos profunda y superficialmente. Los hacemos parte de nuestras vidas y los ubicamos en distintas coordenadas de nuestras emociones porque cada quien tiene lo suyo. Por algunos, moriríamos y algunos de ellos, morirían por nosotros. 

El reconocimiento de su frágil otredad nos ha inspirado: respeto, sensibilidad, admiración, ternura, comprensión, amor. 

Hemos escogido amarlos, hemos visto sus cicatrices y no hemos desviado la mirada, hemos asistido a sus escandalosas derrotas y a sus sublimes triunfos con un ecuánime acompañamiento, hemos visto en sus ojos el reflejo de nuestro interior. 

Cuando la otredad se te alza enfrente con todas sus diferencias y somos capaces de aceptarlas, de vivir con ello, y en alguna ocasión decir: "No importa, yo voy al fin del mundo contigo", seguro hemos amado. 

Al final, creemos que nuestro amor no ha consistido en hacernos uno. No. Por el contrario ha sido la capacidad de abrazar la otredad en todas sus posibilidades.


Johanna Godoy 

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