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UN FOSFORAZO

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Recintos deprimentes en donde se hacina toda la humanidad desechada por violenta, feroz y cruel. Sin embargo, es solamente un débil reflejo de lo que nosotros mismos somos y creamos: abismos profundos entre los que todo lo tienen y los que nada merecen.  No nos basta cerrar todas las posibilidades de rehabilitación. Ahora, surge la malévola intención: ¿Y qué tal si los borramos en un solo intento? Así, cada cierto tiempo, la cárcel se convierte en un infierno y los reos perecen comidos por las llamas.  Casualmente, nadie llega a tiempo, la ayuda se hace sorda y por clara consecuencia, la gente muere, de la peor manera imaginable.  Desechos humanos que una sociedad hipócrita condena, que pueden ser descartados, consumidos, eliminados por un fosforazo.  A propósito del incendio en una cárcel en Honduras.

UN DÍA USUAL

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Esta mujer se levanta por la mañana, con legañas como tentáculos que comparten la pesadez de esas inexplicables pesadillas. Esas pesadillas que dejan un rastro surrealista en el inicio del amanecer. Café cargado frente a un periódico que debería brindar alguna oportunidad, además de las noticias funestas en las que unos van contra otros. Nada. Luego viene el recorrido por los correos electrónicos en busca de alguna voz nueva que saque de la rutina los usuales saludos de los amigos, las presentaciones motivacionales, las cadenas de oración amenazantes y las noticias políticas contracorriente que hacen una gran bulla con su rebeldía. Se reparte el tiempo del día con dosificaciones de casa, de lecturas que sacan al cerebro de la realidad, con llamadas a amigas que hacen reír y le recuerdan el lado fácil de las cosas.  Por la tarde, el paseo por el parque con el perro. No puede evitar repasar cada una de sus habilidades, sus contribuciones a la vida, su utilidad humana...

MARIPOSAS DESDE EL ABISMO

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Era una mujer que venía desde una tristeza profunda. Su cuerpo era arrasado en llanto, un llanto que fluía a mares. Día a día, revisaba una por una sus opciones y ninguna parecía sacarla del hoyo profundo en el que se hundía sin que su voz de auxilio fuera escuchada.  Sin embargo, no estaba sola. Allí, a su lado, estaba su chiquita de tres años. La miraba y sabía que no podía dejarla sola a la sombra de cualquier peligro, a la sombra de manos abusivas que le hicieran lo mismo que le habían hecho a ella. No, no podía pensar en un destino tan cruel para su niña.  Noches insondables de insomnio, días de hambre, horas de sobrevivencia que se acomodaban una sobre otra dentro de su corazón, que apretaban su mente con un dolor pasmoso.  Aquella mañana tomó a la niña, la cargó en sus brazos y se dirigió al puente más alto de la ciudad. Llegó a la orilla y el viento despeinaba sus greñas, descorría sus lágrimas. Abrazó fuertemente a la niña, superó la baranda y se lan...

LA TORMENTA

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Era un invierno tupido. En mi auto, me dirigía hacia el sur. Paulatinamente, el día se convertía en noche. Nubes grises y negras venían a mi encuentro, me rodeaban, me tragaban.  Mientras la mayoría de autos pasaban raudos a mi lado en dirección contraria, yo me dirigía directo a la tormenta.  Pronto los vientos me alcanzaron, los árboles se inclinaban en agonía, el granizo rebotaba estruendosamente en la caparazón que me protegía.  Sí, era ella, la guerrera de espasmos luminosos. Y allí estaba yo, como siempre, dirigiéndome hacia el centro de la tormenta, sin vacilar, sin volver a ver atrás, sin salirme del camino. Sin tiempo ni ganas para retroceder, dispuesta a enfrentar la furia y el caos.  Una metáfora de la vida. 

EL MOMENTO MÁS FELIZ

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Era una mujer extremadamente pobre. Como prostituta, era la más pobre entre las pobres, la de la ropa raída, la de la joroba pesada, la de la higiene tardía. Por zapatos, unas ginas. Cuando quería cagar, atrás de un automóvil era buen lugar, ante la mirada sorprendida de los transeúntes. Era tan pobre que no tenía un lugar privado en qué cagar. Sin embargo, siempre andaba buscando al "Capitán", como lo había bautizado ella misma: era el perro callejero del barrio.  Lo buscaba y le deba unas sobras que no se sabe de dónde salían. Entonces, su rostro se iluminaba y hablaba a quien quisiese escucharla, comentando el buen apetito del apaleado animal.  Así era: cuando compartía lo poco que tenía, ese era el momento más feliz del día.   

EL PUNTO FINAL

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Esta era una mujer que venía sola desde hacía mucho tiempo. Había pensado que los puntos finales los debe poner cada persona y que el suyo llegaría en el momento que su hijo alcanzara la adultez. Pensaba que los finales deben ser elegibles y no quedar a la mano del azar. Cuando el tiempo se acercó, tuvo un sueño en el que seres de luz le anunciaron jocosamente que, aunque ella lo creyera, este no era el final; en realidad, este era un principio. Despertó con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Qué haría con tanto tiempo por delante.  Se hacía muchas preguntas: principio de qué, si muchas situaciones habían finalizado, si los tiempos parecían estancados, si por más que proyectaba y luchaba, todo se le resistía.  Su hijo se acercó y sabiamente le dijo que este era solamente la mitad de la vida, que se olvidara de él y pensara en nuevas metas por alcanzar, qué más quería, qué más deseaba alcanzar. Hacia allí debía ir.  La mujer ha arrullado en su ...

SUFICIENTE

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Si fui piedra soporté lluvia golpeé y rodé, rodé, rodé Si fui agua me resigné al cauce auné siempre en torrentes límpidos y frescos Si fui aire topé, cambié, me moví en viajes incansables fui respirable y alguna vez me corrompí Si fui fuego ardí solo di calor e incendié sin miramientos ni piedad Haya sido esto o lo otro he vivido de acuerdo a creencias sabiendo que fui suficiente ante mi propia alma Tomado de: Danza implacable